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Cómo sanar tu relación con tu cuerpo desde la identidad en Cristo (y no desde el espejo)

¿Te has sentido frustrada con tu cuerpo… incluso cuando oras?


Vivimos en una cultura que nos enseña a mirarnos al espejo para definir nuestro valor. El número en la báscula, la talla de la ropa o el reflejo frente al vidrio parecen dictar cómo nos sentimos con nosotras mismas.

Pero ¿qué pasa cuando aun orando, seguimos luchando con rechazo, culpa o frustración hacia nuestro cuerpo?

Sanar la relación con tu cuerpo no comienza con una dieta ni con un plan físico.

Comienza desde la identidad.



Fuimos creadas a Su Imagen y semejanza, no a la imagen del mundo

La Palabra de Dios nos recuerda que no somos un error ni un proyecto incompleto; fuimos pensadas, formadas y amadas desde antes de nacer por un Padre que es el único y verdadero Dios, el mismo que hizo los cielos y la tierra.


Cuando olvidamos esta verdad, empezamos a tratar nuestro cuerpo como un enemigo:

  • lo castigamos

  • le exigimos

  • lo comparamos

  • lo rechazamos


Pero Dios no creó tu cuerpo para que lo odies, sino para que sea ¡¡morada del Espíritu Santo!!


Sanar no es “cambiar para valer más”, sino recordar quién eres para vivir en coherencia con esa verdad.


Muchas mujeres aman a Dios, pero viven desconectadas de su cuerpo oran, sirven, creen… pero no escuchan lo que su cuerpo está expresando

El cuerpo guarda historias:

  • estrés no procesado

  • emociones reprimidas

  • cansancio espiritual

  • heridas no habladas

Cuidar el cuerpo no es vanidad. Es mayordomía, cuando honras tu cuerpo, honras al Creador que lo diseñó.

Aquí no hablamos de perfección, sino de reconciliación, antes de preguntarte “¿qué tengo que hacer?” pregúntate: “¿Desde dónde me estoy mirando?”


Cuando te miras desde Cristo:

  • hay verdad

  • hay paciencia

  • hay proceso

  • hay gracia

"Los hábitos sostenibles nacen de la identidad, no de la culpa."

Escucha tu cuerpo sin juicio el habla constantemente y escuchar no es consentir todo, es discernir. Tu cuerpo no te sabotea: te está pidiendo orden.


La oración no es solo palabras, puedes orar:

  • al preparar tus alimentos

  • al descansar

  • al moverte

  • al respirar profundo

Invitar a Dios a tu rutina diaria transforma lo ordinario en sagrado.


Si hoy sientes que has estado peleando con tu cuerpo más de lo que lo has acompañado, quiero decirte algo: "No estás tarde, estás a tiempo."

A tiempo de volver a mirarte desde los ojos de Dios.

A tiempo de empezar un proceso más amable, más consciente y más verdadero.


Te comparto que estoy preparando un curso para sanar tu relación con tu cuerpo y puedas caminar en el llamado a vivir en plenitud, no en lucha constante.

Un camino donde:

  • la fe guía

  • el cuerpo se honra

  • el alma se restaura


Oro para que El Señor te haga resplandecer con su amor y gracia, y que al caminar juntas podamos rendirnos a Jesús de tal manera, que su verdad nos haga libres todos los días...


Con cariño

Ale Rodríguez

 
 
 

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