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EL GOZO: FRAGMENTO DEL CIELO QUE SANA EL ALMA Y EL CUERPO

Durante mucho tiempo viví el Adviento desde la prisa y la exigencia. Exteriormente todo parecía estar bien, pero interiormente mi corazón estaba abatido (cansado, inquieto y sin descanso). Sonreía por fuera, pero había perdido el gozo verdadero.

En medio de ese cansancio, decidí volver a Dios con un corazón sencillo. (A veces está bien, no estar bien), dejé de exigir y exigirme y comencé a descansar en su presencia, aun sin entenderlo todo. Poco a poco, llego algo a mi corazón. El gozo del Señor.


El gozo no depende de las circunstancias, depende de una fortaleza silenciosa que sostiene tu alma aun en medio de la prueba.

“El gozo del Señor es vuestra fortaleza” Nehemías 8,10


Este versículo se escribe en un momento de la historia donde regocijarse era una manifestación de fe más profunda que llorar... y así fue como llego a mi vida.

 El pueblo comprendía que, aunque siempre podemos llorar al reconocer nuestra fragilidad e indignidad, alegrarnos en Dios en medio de las dificultades es un acto consciente de confianza.


Regocijarnos no es negar el dolor, sino enfocar la mirada en lo que el Señor ya ha hecho. Siempre hay gracia cuando decidimos mirarlo a Él por encima de las circunstancias.


Es enfocar la mirada en Jesús y lo que él ha hecho.

Siempre hay gracia cuando se trata de verlo a Él.


Esto significa que no fabricamos gozo con pensamientos positivos ni con fuerza de voluntad; se cultiva en la intimidad con Dios y el poder de recordar los testimonios.


Cuando el alma aprende a descansar en Dios, el corazón comienza a experimentar una paz profunda que da origen al verdadero gozo.


El mayor enemigo del gozo no es el sufrimiento, sino el estar desconectadas de Dios y de nuestra verdadera identidad. Cuando olvidamos que somos hijas amadas, empezamos a vivir desde la exigencia, el control, la comparación o la culpa.... Jesús nos dijo "Sin mi nada pueden hacer".


No es casualidad que muchas enfermedades del alma estén ligadas a la tristeza crónica, la culpa no resuelta o la pérdida de sentido.


Desde una mirada integral, el gozo también tiene efectos reales en la salud física. Un corazón que vive en paz:

  • Regula mejor el sistema nervioso

  • Disminuye el cortisol (hormona del estrés)

  • Favorece el equilibrio hormonal

  • Mejora la energía vital


La Palabra ya lo decía desde hace siglos: “Un corazón alegre es buena medicina” Proverbios 17,22.


Esta semana, la liturgia nos invita a redescubrir el gozo que nace de la esperanza, un gozo sereno que no ignora la oscuridad, pero la atraviesa con fe.

Este gozo no nace porque todo esté resuelto, sino porque el Señor está cerca.

¡¡¡¡¡EL REY YA VIEN!!!! ¡¡¡¡EMANUEL!!!!!


Con cariño tu amiga Ale Rodríguez





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Alejandra Rodríguez Villegas
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